PETROFAGIA (NOVELA PAISA)

29.09.2011 14:16

 

LA

HORA

DE

LOS

CABALLOS

 

Vladimiro despertó allí. Precisamente allí donde tal vez jamás había estado o donde quizá siempre habría transcurrido su existencia, si era que su extraño modo de ser y de vivir podía dársele el sugestivo nombre de ``existencia´´.

 

Se palpó el cuerpo palmo a palmo y comprobó, no sin cierto asombro, que seguía tan íntegro e inalterado como antes. Sus grandes ojos azules delataron un enorme transfondo de angustia, fatiga y desconcierto, que parecía surgir de su misma personalidad pero que en realidad correspondía a un débil reflejo del ambiente, cuasisemicaptado en una fecha remota o muy cercana, que de una forma u otra sería difícil precisar por la abolición de los calendarios y de la gente que de ellos había menester.

 

Todo le parecía oscuro y sombrío y silencioso y solitario, aunque algo así como un séptimo sentido medio intuitivo, le indicaba que muchas pupilas móviles y estáticas lo estaban acechando y muchas voces de aplauso de admiración y de reproche, lo asediaban acosándolo o lo anonadaban alejándose, para tornar o manifestarse o a extinguirse, pero multiplicándose como los puntos de luz en las pupilas invisibles que lo avizoraban. [...]

 

Final:

[...] Anticipemos el "requiem postrero", mientras nos disponemos a librar la final batalla decisoria y a concelebrar el triunfo inevitable de todas las huestes laboriosas.

 

Fragmento